Me encanta tu cuerpo, tus curvas de mujer despierta. La franja que divide tu espalda, la línea que separa tus pechos y esas piernas bien formadas; tus brazos, tus manos y los incontables lunares en todo tu ser. Tu forma de andar, de moverte entre la gente, de saberte libre sobre todas las cosas y sobre todo, saberme tuyo, por el simple hecho de que tu cuerpo me reclama por las noches y tu esencia me inspira a pecar.

Y con que paciencia esperaría a que tus manos me desmoronen, me deshagan, me exploren y me roben la calma. Viajaría al cielo entre tus brazos y dudaría del infierno si tus labios me nombran quedito. La eternidad en tu mirada sabría a café caliente y los segundos se convertirían en años. Y entonces sería paciente con tal de sentirte latir en mis sientes, con tal de robarte despacio el aire que me falta, regalándote bajito los latidos que te nombran y hace mas de dos vidas te reclaman…

Fragmentos de no sé qué, Mercedes Reyes Arteaga. (via la-chica-de-adamantium)

Quiero pronunciar tu nombre bajito, acariciarlo con mi lengua mientras mis brazos se abren para darte la bienvenida. Quiero desmoronar letra por letra tu nombre y cobijar mis ganas con tu apellido. Que dulce me sabe la muerte cuando me arrancas la vida entre latidos arrítmicos y temblor de piernas. Que lejos se oye la palabra pecado, que cerca se mira la gloria en tus pupilas. Quiero recorrer todo tu cuerpo con mis manos, acariciarte con amor, como si de eso dependiera la vida misma. Que dulce me sabe tu nombre cuando no alcanzo ni a gritarlo, cuando a penas besa mis labios como un suave reclamo de mi pecho al entregarte mi aire mezclado con vida y muerte. Quiero deshacer tu nombre entre mis muslos y que lo encuentres en mi corazón latiendo, incluso cuando mi boca no lo este haciendo. Déjame acariciar tu nombre, una, dos, tres noches… Déjame hasta que se haga eterno, hasta que seamos uno, nuestros, infinitos.

Posesión maligna no.9, Mercedes Reyes Arteaga. (via la-chica-de-adamantium)

Se me antoja tenerte cerca, sólo quiero caminar de tu mano, ir escuchando tu voz pausada, esa voz que me tranquiliza, platicar de trivialidades, detenernos, mirarnos a los ojos y besarnos pero seguir conservando esa hambre de tenernos, ese gusto por tocarnos, esa ansiedad por pertenecernos. Quiero conservar esa sensación. Aunque como te dije alguna vez, cuando no te tengo eres lo que más deseo, cuando te tengo… también.